Coccoloba Hostel
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Viaje a la última selva Colombiana

Por varias razones emprendo este viaje desde la ciudad de Bogotá buscando llegar a la última selva del norte de Colombia… Selva espesa y húmeda, en donde la frontera entre Colombia y Panamá es una ilusión en ese vasto mar verde que ha funcionado históricamente como una barrera natural entre ambos subcontinentes, centro América y Sur América….Selva espesa y húmeda, extenso silencio u olvido colombiano…Selva espesa y húmeda, vorágine palpable y hambrienta, hogar de miles de vidas y cientos de humanos.  Selva espesa y húmeda, rincón de vírgenes playas y bucaneros, de ciudades de oro perdidas, tantas como vidas…Espesa y húmeda selva del Darién…también llamada Tapón del Darién.   Probablemente fue la National Geographic durante sus expediciones de los años de 1950 a 1970 la que hizo célebre el nombre de “tapón del Darién”.  En donde la lluvia se vuelve una eterna melodía por carecer de fin, ya que esté es el punto más lluvioso de América.

Diciembre en Medellín…bella puerta al Urabá antioqueño.  Trancones por el alumbrado y correr para alcanzar a coger un bus el cual sale del terminal de transporte del norte de Medellín a las 8 pm.  Destino… Turbo!. Población que desde la llegada de Juan de la Cosa en 1501 ha sido vulnerable al capricho de la soledad y el olvido. Lugar recóndito y perdido de nuestra geografía y del favor de Dios.  Las ganas, el morral con todo lo necesario para vivir confortablemente y un tiquete hacen que la carretera  se convierta en ansiedad.  Ahora es solo cuestión de esperar.  Nueve horas y 340 kilómetros me separan de mi primer destino.

Abro los ojos y frente a mí un hombre me dice que ya he llegado.  Miro mi reloj y son las 5.30 am.  Caigo en cuenta q llegue a Turbo, Choco. Al descender del bus lo primero que me golpea con fuerza es un pútrido olor a azufre que por un instante me recuerda alguna olleta en el Nevado del Tolima…Pero no, estoy en Turbo.  La historia de Turbo comenzó con la llegada de los conquistadores españoles al golfo de Urabá en 1501. Formaron parte de estas expediciones Rodrigo de Bastidas y Juan de la Cosa. Después de una importante secuencia de saqueos, incendios y asesinatos de indígenas, la zona fue abandonada a su suerte durante varios siglos.   A finales del siglo XVIII la zona ganó prosperidad ante la reactivación del comercio y el 28 de agosto de 1840 el entonces presidente José Ignacio de Marquéz aprobó la creación de Turbo. Y desde entonces ha servido como puerto fantasma y paso obligado para regiones aun más apartadas del país como Necocli y Arboletes.  En este lugar los malos olores están suspendidos en el ambiente producto de sus aguas estancadas y tibias en el sopor calmo de la madrugada; además a contando con la mala cultura de escoger pésimas admiraciones.  Porque  me niego a pensar q es una cuestión de idiosincrasia la devoción del  pueblo colombiano por la corrupción.  Aquí la cara dura de la pobreza y el rebusque muestra su mejor sonrisa.  Aquí me duele mi país…mi Colombia negra.  


Son las 6.00 am y amanece sobre el embarcadero de Turbo. Son bastantes las siluetas que se perciben por las luces que emanan unas cuantas luces de navidad que decoran el lugar y ayudan a esconder la expresión de cada uno de los presentes.  Personas  que esperan a que amanezca para poder comprar un tiquete en panga que los lleve a su hogar para pasar el nuevo año con los suyos.  En sus miradas…esa alegría interna y contagiosa de todo aquel que regresa a casa con algo de dinero en el bolsillo y un par de accesorios para chicanear después de un largo periodo de soledad y duro trabajo en ciudades a las que les toco emigrar buscando un mejor futuro.  

9 am hora álgida, aquí el embarcadero esta en todo su furor y por la agitación del agua misteriosamente su hedor desaparece del ambiente.  El calor, viajeros de toda clase y la vida que trae esto a su alrededor  hacen que el vaho y el sudor de las personas aglomeradas sean parte del sentirte extranjero en casa. Por un momento quise creer q me encontraba en alguna parte del Congo apunto de abordar un barco con rumbo desconocido. Pero esto no es el Congo, es Turbo, Choco, norte del Uraba antioqueño mucho mas candela y no menos exótico.

Por fin me encuentro surcando el golfo de Uraba. Historia y mito, realidad y fantasía. Lugar siniestro de fuertes corrientes marinas en donde no quisiera ser parte de un naufragio.  En donde las aguas dulces y turbias del profundo y ancho Atrato llegan a convertirse en mar.  Donde la fauna marina espera con sus fauces abiertas todo lo que llega de rio arriba.  Aquí el color del agua cambia a medida que la panga salta arrítmicamente sobre el agua.  Marrón turbio aceitoso y azul profundo…verde esmeralda hasta arena blanca en donde volví a sentir lo duro y excitante de volver a navegar.  

Tres horas después de estar montando grandes valles y dunas cambiantes de agua llegue por fin a Capurgana, pueblo chocoano de difícil ubicación en el mapa…folklore ancestral de muchos razas que se entretejen en una calma ensenada…Lugar de transito marítimo entre la gran Suramérica y Centroamérica…bastión de extraños poderes. Tierra con otra ley.  Lugar de destino de numerosas familias y de alguno que otro malhechor luchando por no ser reconocido.  Aquí solo se llega por aire o en panga, no existen carros y si muchos restaurantes con una variedad de menús que sorprenderían cualquier cosmopolita.  Esta es una de las puertas de la inmensa Darién, ya que existen otras como Sapzurro, Aguacate y Trigana.  Por unos $6.000 por persona decido seguir mi viaje hacia Sapzurro.

Sapzurro, bahía que ciertos grupos de delfines han escogido como su lugar de recreo y guardería por generaciones. Lugar de pescadores y mansas aguas color verde esmeralda, de gente amable y no muy atenta. En donde al desembarcar mi impresión fue la de un caserío fantasma y sumergido en el sopor caluroso de las 1 de la tarde. Aquí al medio día el viento también hace la siesta. 

Después de llegar e instalarme en un hostal, con la mejor vista a la bahía; salgo a deambular y a empaparme del lugar; y tanto fue así q vuelvo a retomar esta caprichosa labor de escribir sensaciones y de organizar las fotografías tres días después.  Fotografías que de una u otra manera representen de manera grafica la realidad que se me antoja romántica, aventurera y de ficción. Este es un lugar plagado de rincones paradisiacos…de playas sin turismo convencional  y el tiempo tiende a detenerse. Aquí todavía se conocen todos, esto es un Macondo en todo el sentido de la palabra, un lugar de paso obligado para todo backpackers que busque un lugar escondido, exótico y muy hot en lo que se refiere a su vida nocturna. Y además paso obligado de todo aquel que se aventure a cruzar el Tapón de la selva del Darién por el mar Caribe.  Aquí el navegante sin prisa puede demorar su viaje cuanto desee, aquí los afanes del tiempo se esfuman con la belleza del paisaje mientras literalmente devoras panecillos hechos a base de panela.

La distancia que separa Sapzurro, Colombia; de la Miel, Panamá en línea recta es de unos 600 metros pero se convierte en un recorrido de casi 40 minutos a pie por culpa del camino de herradura del lado colombiano que en época de invierno se convierte en un tobogán del más alto riesgo, a diferencia del camino panameño que tiene 240 escalones adornados con flores a lo largo de su recorrido.  En la cima de la única colina que cruza este camino se encuentra el mojón que de marca y limita un país del otro. Aquí la frontera es vigilada por un pequeño puesto de control militar del ejército colombiano con tan solo 5 soldados los cuales no sobrepasan los 22 años de edad. Donde es obligatorio presentar la cedula para un registro de salida. Pero si la intención es seguir hacia el norte de Panamá hay que tener en cuenta que en Puerto Obaldia, población vecina y territorio panameño, el pasaporte es obligatorio y debe presentar el sello de salida.  Y este sello solo lo ponen en Capurgana. Esto es un dato clave ya que muchos llegan a este paso sin sello y el tener que volver a Capurgana  equivale a uno o dos días más y casi 100 dólares.

La Miel es una pequeña población, un caserío de una sola calle con no más de 50 casas.  Esta calle desemboca en una perfecta playa de arena blanca, atestada de turismo convencional y basura en todas partes, lo que parece tener sin cuidado a los apacibles pobladores de está, la población más al sur y perdida de Panamá, a las faldas de la Serranía del Darién.


Aguacate, Capurgana, Sapzurro, Trigana, La Miel, entre otros lugares tienen la magia suficiente y la belleza necesaria para pertenecer a la lista de paradisiacos destinos de cualquier agencia de viajes. Es una zona llena de hermosas y desoladas playas con excepción de un par de ellas. Excelente comida y económica, buenos hostales y gente amable. Y así su economía se base en el contrabando y en el narcotráfico, ingredientes que hacen de este destino mucha más interesante por el riesgo que se corre en un lugar donde la ley la impone el más fuerte. Aquí realmente llega el amante de la aventura y por ende, el amante de la vida. El que asume el factor riesgo como algo necesario para descubrir nuevos y maravillosos rincones de este, nuestro planeta tierra.

 

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